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Bootstrapping o el emprendimiento de guerrilla

Ocurre con mucha frecuencia que un emprendedor tiene una idea de negocio genial pero no dispone de capital para ponerla en marcha. En esa encrucijada, solemos acudir a una fuente de financiación externa, como business angels, inversores de capital-riesgo, campañas de crowdfunding, alguna de las escasísimas ayudas públicas o los temidos créditos bancarios. Hay sin embargo una alternativa preferible en muchos casos que consiste en ponernos en marcha con nuestros propios recursos y con los que generen tus primeros clientes. Esto último es lo que se denomina "bootstrapping" o "emprendimiento de guerrilla" y es una tendencia de emprendimiento al alza que permite sacar adelante negocios viables a base de ingenio y eficiencia de recursos. En Community Coworking Madrid nos encanta hablar de cosas así.

 El origen de la palabra "bootstrapping" se le atribuye al barón de Münchhausen, el célebre aventurero del siglo XVIII novelado por Rudolf Erich Raspe y que, en cierta ocasión, se salvó de morir ahogado en una ciénaga echando mano de lo único que le permitía tirar hacia arriba, las cintas de sus botas o "bootstraps". El emprendedor bootstrapper, a diferencia de los "cazainversores" tan comunes en el mundo start-up, sobrevive recurriendo a sus propios medios y a lo poco que recoge en seguida del mercado, sin cobijarse en "burbujas inversoras" que, en muchos casos, arruinan a start-ups en cuanto se acaban las "rondas de inversión" y llega el momento de conseguir clientes reales y hacer caja

Como casi todo en el mundo del marketing, el bootstrapping se puso de moda en Estados Unidos, concretamente, después de la crisis financiera de 2008 que produjo -al igual que en Europa- una sequía crediticia como no se conocía allí desde el "crack" de 1929. Algunos vieron en esa tesitura una oportunidad para olvidarse de compañeros incómodos, como los bancos -que van a reclamar su parte si todo sale bien, pero que no perdonarán nada si la empresa acaba mal- o los fondos de capital-riesgo, que van a condicionar siempre la actividad de la firma y que, a la primera ocasión, van a vender "tu" empresa a la competencia quieras tú o no. Autofinanciando el negocio, el endeudamiento de la empresa será mínimo (¡qué alivio!) y el emprendedor mantiene el control absoluto. Además, incentiva la cultura del ahorro y desarrolla la creatividad para "estirar" los escasos recursos, dos virtudes que quedarán grabadas a fuego en la cultura de la compañía y que sólo pueden traer cosas buenas en el futuro.

Pero para que el bootstrapping funcione, el emprendedor de guerrilla debe seguir algunas normas, no todo el mundo sabe usar los cordones de sus botas. Al depender de entrada de los propios ahorros, el emprendedor dispone de una capacidad de inversión muy limitada, por lo que conviene plantear una idea de negocio modular y escalable que permita modificar su estructura a medida que se vayan cumpliendo objetivos y haciendo clientes.

Una vez lanzada al mercado nuestro emprendimiento modular y escalable, hay que facturar rápido, nada de testar el producto durante años o preocuparse de ganar millones de usuarios gratuitos porque las facturas se pagan por otra vía. Puede valer en la primera etapa vender productos o servicios que no forman parte del núcleo del negocio (un coworking que acaba de abrir sus puertas puede alquilar su espacio para rodajes audiovisuales o para fiestas de cumpleaños) o, incluso, vender antes de tener el producto o servicio: antes de acabar las obras en el coworking, se puede ofertar la futura oficina compartida como domicilio fiscal o virtual o hacer ofertas de "primeros clientes" a mitad de precio siempre que paguen por adelantado.

Naturalmente, esta "urgencia comercial" exige del emprendedor buenas dotes de vendedor, pero no sólo para hacer caja, sino también para reclutar talento que, de entrada, no puede remunerar. El emprendedor que hace bootstrapping debe enamorar con su idea hasta tal punto que la gente quiera unirse a la nave sabiendo que durante un tiempo no habrá dinero de por medio.

El hecho de aterrizar desde el minuto uno en el mercado te va a permitir, de paso, validar tu modelo de negocio y saber en seguida si tu gran idea es algo por lo que algunas personas están dispuestas a pagar. Si la respuesta fuese negativa, el baño de realidad nos va a permitir cambiar a tiempo y sin grandes pérdidas. Antes de lanzarte a la piscina, eso sí, los expertos recomiendan tantear el mercado preguntando a gente imparcial, expertos y, si es posible, a potenciales clientes que pudieran estar interesados en tu producto o servicio.

Otra características del emprendedor de guerrilla o bootstrapper es aprender las cosas por uno mismo. A golpe de blogs especializados, libros divulgativos o tutoriales de YouTube, la mayoría de "bootemprendedores" son verdaderos hombres-orquesta (o mujeres-orquesta) con buenos conocimientos de su sector, pero también de diseño, maquetación de video, tecnología, inversión, redes sociales, marketing, gestión de equipos, albañilería y otras muchas materias que pueden ser -o no- costes del negocio. Eso sí, si quieres saber por dónde empezar el proceso de autoaprendizaje, los que entienden de esto o los que lo han probado con éxito te dirán que, ante todo, aprendas a vender. Los libros de Guy Kawasaki o los videos tutoriales de Edmundo Velasco son un buen comienzo, pero hay miles de recursos gratuitos en la red.

Moderando expectativas iniciales

Este tipo de emprendimiento requiere disminuir las expectativas inmediatas del negocio y conformarse con fórmulas de entrada (modelos "freemium", promociones con descuentos iniciales, etc.) que puedan generar clientes reales con poco margen -pero clientes, al fin y al cabo- así como una publicidad positiva que atraiga indirectamente a nuevos clientes. Ten en cuenta que un cliente satisfecho es la mejor promoción para un negocio que empieza.

Además, en la primera fase piensa en reinvertir buena parte de los recursos generados para mejorar el producto o servicio, lo que también supone renunciar a algunos de los beneficios generados -si los hay- para conseguir algo mucho más importante, como es consolidar el proyecto en el mercado.

Sé muy estricto con las finanzas. Probablemente no necesites un despacho en jornada completa, ni ese ordenador con logo frutal, ni ese software de pago. De entrada, puedes trabajar desde casa o negociar alguna tarifa reducida en un coworking cercano -lo que te evitará de paso los gastos de transporte-, usar sin ambages las videoconferencias de Skype para ahorrar en reuniones o utilizar software open-source o versiones "free" y dejar las versiones premium para más adelante. Y piensa, además, que muchos servicios pueden obtenerse sin gastar un euro, planteando a otras empresas un intercambio de servicios por servicios.

Community Coworking Madrid  es un espacio de trabajo colaborativo integrado por una  comunidad de emprendedores en la que podrás hacer crecer tus ideas y proyectos.  Nuestro coworking en Madrid está ubicado en el céntrico Barrio de Salamanca, junto a la Avenida de América.

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