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Consumo colaborativo o cómo otra economía es posible

Consumo Colaborativo

Ya estaba ahí antes de que llegara la crisis, pero el ajuste radical que tuvimos que afrontar a partir de 2008 lo ha puesto de moda, aunque él está ahí para quedarse. El consumo colaborativo o economía colaborativa "mueve" hoy el equivalente a 110.000 millones de dólares (unos 82.000 millones de euros), según el Instituto Tecnológico de Massachusetts, pero algunas entidades vinculadas al fenómeno -como la asociación británica The People who Share-, elevan a 533.000 millones de dólares el valor de este mercado. Aprovechamos la feliz circunstancia de tener en Community Coworking Madrid a MyHOSTpitality, nuestra primera firma colaborativa, para aportar algunos datos a esta revolución económica que despierta tanto adhesiones como odios.

MyHOSTpitality (María Angeles León, su fundadora, hace hincapié en que escribamos "Hostpitality", no "Hospitality", la "t" tiene su importancia) es una comunidad online de consumo colaborativo que  ayuda a contactar con otras personas que quieren aprender idiomas. Con su plataforma, el usuario organiza directamente sus intercambios y estancias lingüísticas con quién quiera y cuando quiera, ahorrándose hasta un 80% del coste habitual de estas experiencias. 

"El proyecto -explica esta extremeña recién llegada a nuestro co-working- nace de la unión de diversas experiencias personales. Por un lado, mi pasión por viajar. En concreto, los viajes que realicé en 2001 y 2006, tras solicitar dos excedencias en Accenture. Por otro lado, mi experiencia como usuaria de plataformas de economía colaborativa para el intercambio de casas. Y, finalmente, mi gran experiencia vital como madre de dos niños de 4 y 6 años. Todo esto me ha hecho ver la importancia que el conocimiento de otros idiomas y culturas tiene tanto para el desarrollo personal de nuestros jóvenes y de la ciudadanía en general, como para su preparación para acceder y progresar en el mundo laboral. Nuestra misión es democratizar el aprendizaje de idiomas por inmersión lingüística y cultural". 

Como el aprendizaje de idiomas, hay docenas de "bienes" que hoy están al alcance de muchas más personas gracias a la economía colaborativa o consumo colaborativo. Se trata de un fenómeno heterogéneo de iniciativas que coinciden en revalorizar el disfrute de las cosas frente a su posesión (no hace falta poseer una casa para vivir en una buena casa) y que los propietarios saquen más provecho de sus posesiones para hacerlas más accesibles pero también más eficientes.  Según Albert Cañigueral, fundador de Consumo Colaborativo, se trata de “un concepto paraguas que engloba iniciativas donde la gente comparte poniéndose en contacto mediante plataformas online”. Consumo Colaborativo, el portal de referencia para este tipo de iniciativas en España, fue fundado en 2011 por el propio Cañigueral, y es la parte española de la red europea Ouishare, que también se extiende por Francia, Italia y Alemania.

Aunque los límites del fenómeno no siempre están claros (el mismo coworking formaría parte de la economía colaborativa según algunos), hay un cierto consenso en atribuir la etiqueta de "colaborativo" a una serie de negocios emergentes. ¿Cuáles? Las subastas online entre particulares, tipo eBay; las iniciativas de "carpooling", como BlaBlaCar o  Amovens; el "carsharing" de Respiro o SocialCar; el alquiler por horas de plazas de garaje, como WeSmartPark; los préstamos entre particulares para salvar la sequía crediticia de los bancos (Comunitae o Zank); el crowfunding, que supone adelantar pequeños ingresos por parte de mucha gente para que una obra se haga realidad (Verkami y Goteo son las plataformas más conocidas); Airbnb y otra docena de webs que facilitan el hospedaje entre particulares;  el intercambio o alquiler de juguetes y ropa de niños (Segundamanita o Creciclando); Relendo y su propuesta de alquiler diario de productos entre usuarios; AreaVan, para alquilar caravanas; Joinuptaxi, para compartir taxi; Letmespace para compartir guardamuebles; Nautal, para alquilar barcos; Trip4Real, para encontrar guías locales; Tutellus, para dar o recibir clases entre particulares; Wallapop o Vibbo, para la compraventa de objetos entre particulares....

Todo esto y mucho más (hasta 450 empresas diferentes sólo en España) son propuestas de economía colaborativa que forman parte de una revolución económica de consecuencias imprevisibles, aunque no todo el mundo la ve con buenos ojos. Este mismo mes de enero, por ejemplo, hemos asistido a graves incidentes en Francia contra la liberalización del taxi en general y contra la aplicación Uber, en particular. "Es que el taxista que no paga impuestos no puede trabajar -escribe en Facebook Concepción Gallo Rincón, una de las miles de opiniones que pueden rastrearse en la red sólo referentes a la aplicación Uber-. [Tienes que pagar] modulo cada tres meses, IVA cada tres meses, revisiones de taxímetro cada año, ITV [Inspección Técnica de Vehículos] por ser servicio público cada seis meses y el recibo de autónomo de la Seguridad Social todos los meses, aparte de seguro del coche que, por ser servicio público, cuesta mucho más... Todo eso se lo ahorra la aplicación Uber "

El futuro de la movilidad

Lo más demandado en España del consumo colaborativo parecen ser las iniciativas de movilidad, como el "carpooling" o coche compartido por varias personas, el garaje compartido, el "carsharing" o alquiler de coche por horas o el alquiler de bicicletas tipo Bicimad. 

El pasado 25 de enero, la plataforma de empresas colaborativas Sharing España organizó una mesa redonda titulada " el futuro de la movilidad" para debatir sobre sus propuestas en el campo del transporte. En la reunión estaban representadas empresas de "carsharing" y "carpooling", start ups de transporte de mercancías y de personas, aplicaciones de movilidad y hasta iniciativas que están trabajando con coches no tripulados. O, si se prefiere, firmas como Bluemove, Socialcar, BlaBlaCar, Cabify, Glovo, Waze, Respiro, Uber o Wazypark

Todos ellos coincidieron en resaltar las trabas regulatorias que las instituciones están poniendo al desarrollo de las plataformas vinculadas a la economía colaborativa. Según Mar Alarcón, fundadora de SocialCar, "el mayor problema consiste en que la administración va a una velocidad distinta que la de la innovación”.  Según Carlos Lloret, director general de Uber en el sur de Europa, “en España la regulación es extremadamente restrictiva tanto para los que quieren entrar como para los que ya están en el mercado”. Incluso, María Sobrino, subdirectora de Estudios e Informes de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) reconoció que “siempre ha habido reticencias por parte de las instituciones para acoger la innovación disruptiva”. 

Porque la sociedad española parece posicionada claramente en favor de las iniciativas colaborativas. Según el informe de Nielsen "Compartir en Sociedad", más de la mitad de los ciudadanos (53%) estaría dispuesto a compartir o alquilar bienes personales, como el domicilio o el coche, nueve puntos por encima de la media europea -44%-. Según el director general de la firma tecnológica Nielsen para Españal y Portugal, Gustavo Núñez, “este tipo de relación con el dinero, más parecido a un trueque, siempre ha existido pero se ha puesto de moda en Europa y otras partes del mundo tras el estallido de la crisis financiera. Se trata de movimientos ciudadanos organizados que, para controlar el gasto, apuestan por regular el modo de compartir recursos y pertenencias”.

Community Coworking Madrid  es un espacio de trabajo colaborativo integrado por una  comunidad de emprendedores en la que podrás hacer crecer tus ideas y proyectos.  Nuestro coworking en Madrid está ubicado en el céntrico Barrio de Salamanca, junto a la Avenida de América.

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